the science of deduction.

Mostrando entradas con la etiqueta Ewanor.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ewanor.. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de agosto de 2011

Capítulo1(continuación3).


Me llamo Ewanor, comenzó la chica sin soltarle y clavando sus ojos verdes en ella, y tengo mucho que contarte. Su pelo rojizo brillaba a la luz del sol, profiriéndole un carácter casi sobrenatural. Emma la observó con una pizca de temor, sin embargo en su interior la decisión de la curiosidad por saber qué le tenía que decir la incitaba a dejar explicarse a la muchacha. Bajó la mirada, respiró profundamente y dejó que transcurrieran unos segundos hasta que se atrevió a abrir la boca. No debes desconfiar de mí, Emma, esta vez un susurro salió de la boca de la desconocida. La joven la volvió a cerrar, contrariada, ¿cómo sabía su nombre? Se sentó en el bordillo de entrada y aceptó muda a la proposición de la chica. Es algo complicado, recomenzó Ewanor. Sin embargo, debo advertirte que sólo se algo de un infinito y no tengo las respuestas a todo. Me alegré al ver que me veías, llevaba mucho tiempo vagando sin encontrar a nadie que pudiera, y me habían dicho que únicamente debía contar esto a una persona como tú, era de vital importancia. No, los demás no pueden-respondió súbitamente al observar el rostro extrañado de la muchacha-porque, técnicamente, estoy muerta.-y con una sensación de tristeza vio como las pupilas de Emma se dilataban en un gesto de miedo y un leve escalofrío le recorría el cuerpo, pero no abrió la boca, atenta a su interlocutor. Sin embargo, puedo hacerme visible, por supuesto, yo no soy una muerta corriente. Se suponía, cuando dejé de respirar, supuse, que ahí se acabaría todo. La nada, la oscuridad infinita, yo que se qué pensé cuando cerré los ojos por última vez, pero me había preparado para eso, y me aferré a esa idea. Es algo muy extraño volver a abrir los ojos, levantarte, y observar tu cuerpo desde otra perspectiva, ¿no es así?, y le dedicó una sonrisa extraña pero a la vez dulce, a la vez que notaba un cambio en el rostro de la joven. Lógicamente, no me quedé parada. Tras la angustia inicial, intenté pedir ayuda. Me ponía al lado de la gente, le hablaba, les suplicaba que me ayudaran, pero nadie me hizo caso-y la chica observó que sus ojos eran de un negro más intenso que la noche. También pude observar que hay muchas mas cosas que la gente normal no puede ver. Luces, voces, personas con el mismo destino que yo me rodeaban a cada paso que daba y yo…estaba aterrada. Me escondía en cualquier sitio oscuro y solitario, donde fuera difícil encontrarme para no tener que luchar con la realidad que a partir de ese momento tendría que sufrir. Estuve semanas en la más intensa oscuridad, con las manos en los oídos para no oír los susurros de las desgracias de otros, hasta que, un día, una pequeña luz en mi mente me sacó de esa espiral de la que de otra forma no podría salir. Volver a ver el sol fue una de las cosas que más tranquilidad me infundieron, la calidez, volver a sentirme segura. Y, en ese momento, fue cuando conocí a una persona que me dijo que me podía salvar de mi destino, sola, invisible para todos salvo para unas pocas personas que poseían el don. Me tendió la mano, y aparecí allí como de la nada, un cuarto del blanco más puro que jamás había visto, con una túnica, y ropa nueva bajo mis pies. Me curaron las heridas, me dieron de comer, y, cuando ya pensaba que nada sería normal en mi vida a partir de esos dieciséis años y que no podría pasarme nada más extraño, el mismo hombre que me rescató me dijo que me había sido asignada una misión vital desde mi nacimiento. A partir de ese momento nada volvió a ser igual. Además, podía mostrarme ante la gente, algo que me hacía sentir como si estuviera viviendo una segunda vida.
Emma se levantó de golpe, respirando entrecortadamente y con los ojos brillantes llenos de escepticismo. Un intenso dolor de cabeza la recorrió. Se negaba a creerlo, simplemente era imposible, en su mundo no pasaban esas cosas, y eso se parecía terriblemente a las novelas de ciencia ficción que abarrotaban su habitación cuando era más pequeña. ¿Qué estaba ocurriendo?, y bajó la mirada para decirle algo mordaz a la muchacha, pero en su lugar se encontraban el aire, la luz y nada más. Estaba sola.

Capítulo1(continuación2)


¿Qué tal?, la pregunta que le hizo un joven moreno y con los ojos claros la pilló de sorpresa, y una sensación de banalidad la recorrió, acordándose de la extraña conversación de aquella mañana. Sin embargo, Emma se sentía bien con él, llevaban siendo amigos desde pequeños, y le correspondió con una sonrisa radiante y con un simple “muy bien, ¿y tú?”. David le devolvió la sonrisa, mientras andaban de vuelta a casa.
-Bien también-le respondió-si sigue así podremos quedar para hacer el trabajo de historia este fin de semana, por ejemplo, ¿qué opinas?-le miró sonriendo, y la muchacha supo perfectamente que quería hacer cualquier cosa en la que estuviera involucrada ella.
-David-se rió la muchacha. Se conocieron cuando tenían cuatro años, y cada fin de semana hasta hacía poco tiempo uno iba a casa del otro a ver una película, salir a comprar cómics, música o libros, y ya eran prácticamente como hermanos que no tenían secretos entre ellos-tenemos un mes para hacer eso. Pero bueno, si quieres, dímelo, a mí tampoco me apetecía quedarme en casa, y podemos dar un paseo, o escuchar música-y se pasó el fular ligeramente por la cara, sin saber muy bien si era por el frío de finales de otoño o por que se había puesto ridículamente roja sin ningún motivo- Adiós-añadió con un hilo de voz al pararse enfrente de su casa.
-Entonces, eso es un sí…espero-y Emma asintió con la cabeza.-De acuerdo, entonces mañana nos vemos. Chao.-hizo el ademán de darle un beso en la mejilla, pero luego se apartó ligeramente con una sonrisa. Se alejó por la calle, mientras la muchacha lo observaba cómo desaparecía. No sabía todavía exactamente lo que sentía por el chico, pero se encontraba tranquila con él, ya se había convertido en una persona de su vida diaria, y experimentaba un cariño por él. Un giro de llaves, la mano en la puerta y levanta un pie para entrar en la tranquilidad de su casa. Casi grita cuando nota que una mano se posa en su hombro, e inmediatamente se da la vuelta con la boca abierta y una réplica hacia David en los labios. Por segunda vez en todo el día, se queda muda.

domingo, 21 de agosto de 2011

Capítulo1(continuación).


La despertó su propio grito. Una gota de sudor frío le bajó por la frente, cerró los ojos y respiró hondo. Los recuerdos del sueño desaparecían rápidamente, a la vez que se despertaba a la realidad. Pero la sensación de verse desde otra perspectiva, de ver su cuerpo, de estar muerta, todavía le recorría la mente produciéndole un sentimiento de irrealidad. Giró la cabeza, y observó los tímidos rayos que, a través de su persiana entreabierta, iluminaban tenuemente la habitación. Era viernes. Al salir de casa con su mochila al hombro, la luz la cegó por un momento. Todo se volvió borroso, sólo había sombras y nada más en aquella blancura que lo barría todo. Parpadeó, incómoda con esa sensación, y empezó a andar hasta sentarse en un banco enfrente de su instituto en medio de un pequeño parque lleno de árboles, que ya se preparaban para el invierno. Al instante, alguien le llamó la atención. Su pelo, rojo, y sus ojos de un color indefinido, mezclados con su tez pálida, hacían de ella una joven con una belleza exótica no habitual. Llamaba la atención, pero sin embargo se abría paso por la calle sin que nadie se fijase en ella. Observaba todo a su alrededor, hasta que su mirada se cruzó con la de Emma, que la miraba de reojo ligeramente sorprendida. Quería decirle algo, pero las palabras murieron en sus labios al ver que se sentaba a su lado.
Puedes verme, dijo simplemente con un brillo intenso en su mirada. Emma se sintió contrariada. Claro que puedo, respondió. No eres más diferente que yo o cualquiera de las personas que pasan por la calle. En ese momento, el timbre llenó el aire con su incómodo ruido a metal viejo. La joven se levantó, y cogió su mochila, observando a su acompañante, esperando algo, que la acompañara, que se despidiera…una sonrisa, la sonrisa sarcástica que más significado tendría para ella, y unas palabras. Tal vez, tal vez en eso último te equivoques. Aunque pronto no será así, y la muchacha se fue, dejando a Emma con una mirada de incomprensión. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que aquellas palabras tenían más importancia de la que ella creía. Que había en ellas algo más que una frágil amenaza. Creía en las palabras de la chica, más de lo que habría pensado, y de repente supo que tenía miedo. Se quedó embobada mirando por donde se había ido, y, tras unos minutos, se dio cuenta de que estaba helada, se puso rápidamente la chaqueta y entró en el instituto. Al girar la puerta, el calor de la calefacción le dio de lleno. Una imagen, de ella misma observando todo un valle en llamas, de verse a ella misma caída entre el fuego, la asaltó de pronto. En sus ojos, una sombra los oscureció durante una milésima de segundo. Luego se olvidó de todo.

viernes, 19 de agosto de 2011

Capítulo1:Y los sueños, sueños son.


La muchacha observó el fuego con una expresión hierática en su rostro. Las llamas se extendían, abarcando toda la extensión que la joven observaba con la mirada. Empezó a andar, mirándose las sandalias oscuras tras esa noche que lo cambiaría todo. Una lágrima y un gesto de sufrimiento, un tropiezo y se encuentra tirada en el suelo mirando al cielo lleno de infinitas estrellas que iluminan la escena. No hay luna. Una sombra sale de entre los arbustos más cercanos, y le pasa una mano en un gesto tierno por la mejilla. Tiene la parte izquierda de la cara quemada, y un brazo que prácticamente está destrozado. Sólo susurra unas palabras apenadas. Pobre niña. Ésta cierra los ojos, tras un parpadeo se encuentra de pie de nuevo, no sabe de dónde le han salido las fuerzas, pero a su alrededor la oscuridad no es tan profunda y la sensación de dolor ha desaparecido. Baja la mirada, y se encuentra a una adolescente, con el pelo rubio enmarañado y los ojos verdes mirando al cielo sin ver. El surco de una última lágrima, los brazos extendidos en un inútil esfuerzo de volver a levantarse. Y, sólo en ese momento, se da cuenta de que es ella, la persona que fue, a la que ahora está observando como un pequeño cuerpo débil, una muñeca a la que le han cortado los hilos, y de que está muerta, un fantasma, un atisbo de su último aliento más ligera que el aire, y de que ya no se levantará jamás.
La despertó su propio grito.